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El Museo de Arte Contemporáneo Costa da Morte culturiza, divierte y da rendimiento económico

Isabel García

Alguien dijo que hay dos cosas en la vida, además de otras que, consciente o inconscientemente, te ayudan a ser más feliz: una buena conversación y poner a prueba, todos o alguno de los sentidos. Así que un jueves por la mañana Corme nos brindó la posibilidad de compartir un objetivo: culturizar, divertir y dar rendimiento económico a una zona históricamente deprimida. Hace un año, la Fundación Torre-Pujales inauguraba el Museo de Arte Contemporáneo Costa da Morte con este triple cometido. El resultado, una sorpresa… Porque no sólo hay que hablar de asesinatos, de políticos que roban o de jóvenes que no tienen interés por nada o casi nada en esta vida. También existe el mundo de la utopía.

Cuando llegamos al Museo de Arte Contemporáneo Costa da Morte llamamos a una de sus patronas, Encarnación Pisonero, a quien tenemos que agradecer su tiempo durante casi una mañana durante la que nos acercó a un mundo que parte de la realidad y al que cada uno, según nuestro yo más íntimo, transforma. “El artista siempre añade algo, nos explica Encarnación como si lleváramos hablando horas y horas, sería un falso arte si con sus obras no transformara la realidad, ya que el arte no sería universal”. Cuando habla de universalidad nos sitúa ante cualquier obra: “El artista a veces añade algo porque lo necesita sin más, incluso a veces sin ningún fundamento, pero es lo que hace que cada uno interprete cada creación a su manera, que la disfrute desde sus propias motivaciones”.

Cuando entramos en el Museo nos sorprende una fantasía de colores: rojos, verdes, amarillos, tal vez no es lo que esperamos de una Galicia que también puede presumir de una aparente tristeza. El título de uno de los cuadros que cuelgan en el museo nos pone en situación: “Saber y ganar”, una obra del pintor Julio Pujales.

Julio Pujales es un colorista que disfruta con el esplendor de colores de una Naturaleza en continúa ebullición. Durante su primera etapa como pintor, apunta Encarnación Pisonero, “parte de la observación pura, hasta pasar a una completa abstracción”. El pintor deja este mundo con tan sólo cincuenta y ocho años, en pleno momento de creación pero legó para siempre dos características determinantes de su saber hacer “el color y el movimiento”.

Sentimos curiosidad por saber qué ha hecho que este pintor no sea un nombre tan conocido como otros. “Nunca estuvo en el circuito oficial, comenta Pisonero Pisonero, y tampoco estuvo históricamente en el momento en que las comunidades autónomas comenzaron su evolución ya que estudió y trabajó en Madrid como profesor de instituto “pero el tiempo seguro que hará justicia con este gran artista, ya que las obras buenas superan y las malas se caen con el tiempo; la belleza trasciende todo concepto de temporalidad”.

Julio Pujales solía decir “la pintura me costó un riñón”. Sus penurias económicas son un buen ejemplo que además nunca socabaron su personalidad alegre y divertida, “con él siempre te lo pasabas bien, apunta la patrona, a todo sacaba punta”.

Su pasión por los colores le vienen desde pequeñito, su hermana Blanca comentó en más de una ocasión que cuando iba con su madre a comprar lanas, Julio jugaba a combinar colores, incluso mayor, realizó cuadros con tejidos, seguramente por esa proyección que comenzó desde su infancia.

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