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Amigos, más o menos peludos, que se merecen otra oportunidad

Lucke es uno de esos amigos que merecieron una segunda oportunidad.
Lucke es uno de esos amigos que merecieron una segunda oportunidad.

Verónica Bravo A./ Arteixo

Hablamos de animales y mascotas que han sido fieles a sus dueños, que por alguna razón se hayan perdido o simplemente no entiendan por qué sus dueños los dejaron en la calle mientras se alejaban en coche. ¿A dónde van todos esos animales?

Considerados muchas veces como meros juguetes y caprichos, la gente pronto olvida que cada animal tiene una serie de derechos inquebrantables por los que hay que velar. Actualmente hay entidades, asociaciones y organizaciones que buscan la protección de estos seres, como las diversas protectoras de animales o Servigal (Servicios Gallegos de Lacería) El Consorcio As Mariñas. Ésta última trabaja en colaboración con los ayuntamientos, principalmente de la Provincia de A Coruña (Consorcio As Mariñas – Ayuntamiento de A Coruña, Santiago, Carballo, Riveira, etc).

Pero, ¿qué sería de todas estas entidades sin gente a la que realmente le preocupen los animales? Hablamos con María Suárez Barreiro, propietaria actual de Lucke y Malú, un perro y un gato a los que encontró vagabundeando por la calle sin tener a dónde ir.

“Encontré a Malú hace unos catorce años con las almohadillas de las patitas algo quemadas” Curiosa historia particular es la de esta gata, que inicialmente había sido encontrada y entregada a una familia que se tuvo que deshacer de ella. Perdido como estaba el animal al haber pasado posteriormente a otra familia más, se escapó y “me dieron el aviso para que fuera a buscarla”, según nos cuenta María. “Después de dos años sin ver a esa gata, pensando que estaba feliz con dicha familia, me la encontré de nuevo. Poco tiempo después recibí una llamada confirmándome que la gata ya había vuelto a casa”. Ante el asombro de María, que tenía a la que pensaba que era “la gata original” entre sus paredes, decidió quedársela y sanarle las heridas. Malú había encontrado un hogar.

“Lucke estaba al lado de mi casa, en una finca llena de maleza. Estaba muy herido y casi no podía ni andar, ya no le quedaba casi pelo y tenía las orejas algo comidas”. Acto seguido, María lo llevó al veterinario y comprobaron que Lucke no tenía chip electrónico. Según nos cuenta, el veterinario exclamó en cuánto vió al perro: “¡Dios mío! Cómo cogiste lo que cogiste” Y es que se sorprendía al ver que una persona acogía en su casa a un animal en un estado tan lamentable. No todas las personas hubiesen hecho lo que tú, María. El veterinario afirmó no saber si el perro volvería a tener pelo algún día, pero debido a los buenos cuidados y atenciones de su dueña, Lucke pronto se convirtió en una “pequeña bola peludita de lo más simpática”.

El animal tuvo muchos problemas de salud, empezó a perder los dientes y a tener problemas en la espalda. Este último problema había sido producido por las lesiones que había tenido, y no era operable (no aportaría resultados positivos), por lo que los expertos le advirtieron de que tal vez Lucke en un futuro ya no se podría mover. Después de un tiempo en el que el perro parecía estar bien, salvo alguna recaída, el 9 de Agosto del 2009 Lucke se quedó paralítico. Acudieron a otro veterinario más especializado y descubrieron que seguía teniendo sensibilidad en las patas, por lo que intentaron hacerle la operación, pero no dio resultado.

“En casa le hice mucha rehabilitación, peleé por él, mi ilusión era que pudiese volver a andar”. Se empezó a arrastrar y hacerse daño en las patas. “Estuve seis meses agachada paseándolo encima de una toalla para que intentase fortalecer sus patas”. Además probó a llevarlo a un centro de fisioterapia para animales, donde le recomendaron un arnés, “pero eso sólo lo sujetaba, no le ayudaba a caminar”. Más de tres horas al día dedicaba María a la rehabilitación de su perro, adquiriendo todo tipo de utensilios que le pudiesen ayudar en su objetivo por caminar. Años más tarde pidió un carrito ortopédico para mascotas a Estados Unidos, con el que Lucke podía incluso echar a correr. María consiguió que moviese correctamente las patas delanteras para que no se hiciese daño y actualmente el animal se maneja como si no tuviese el carrito.

Su dueña sabe que tiene que estar muy pendiente del animal, y que tampoco puede hacer grandes viajes. “¿A quién le puedo dejar un perro en estas condiciones? Tampoco quiero dejarlo, sé que está mejor conmigo”. Es algo que no le importa, ya que es consciente de que si ella no hubiese seguido dándole todos estos cuidados y atenciones diarias, el animal seguramente ya hubiese fallecido.

Once años lleva Lucke en un hogar, cuando nadie esperaba nada de él. “Entiendo que la gente no quiera tener un animal en estas condiciones, lo entiendo pero no lo comparto”. María insiste en la enorme satisfacción que le produce ayudar a esos animales y advierte a la gente que se piensen bien las cosas antes de tener un animal, ya que: “Hay que responsabilizarse de ellos”.

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